La Altea de tierra adentro
Su nombre lo dice: Altea la Vella es la Altea vieja, un núcleo del propio término municipal que queda en el interior, lejos del paseo y del bullicio de la costa. Alrededor de su pequeño casco se extienden casas de campo y urbanizaciones de chalets repartidas por las lomas, con la sierra de Bernia cerrando el horizonte por el norte.
Para nosotros es casi un barrio más: está a unos 3,4 km de la calle Ripoll y la recorremos a menudo. Eso nos permite atender una urgencia nocturna con la misma soltura que un trabajo programado, como cambiar todos los cilindros de una casa recién comprada o revisar las cerraduras antes de que llegue el invierno.
Casas de pueblo, chalets y cancelas
En el núcleo quedan puertas de madera con cerraduras de sobreponer y llaves de las de antes, que conviene reparar con cuidado antes de pensar en cambiarlas. En las urbanizaciones, en cambio, la vivienda suele tener varias entradas: la principal, la del garaje, la del porche y la cancela de la parcela. Cada una es un acceso distinto y merece la misma atención.
Las cancelas y portillos de forja sufren el sol, la lluvia y el polvo, y sus cerraduras acaban agarrotadas o con el cilindro gripado. Las limpiamos, las ajustamos o las cambiamos según su estado. Cuando se trata de una cancela con motor y el fallo es eléctrico, le diremos con claridad a qué especialista acudir.
Cómo le encontramos en Altea la Vella
Entre chalets de calles parecidas, una buena referencia vale oro. Cuando nos llame, díganos la calle, el número o el nombre de la urbanización y, si puede, envíenos su ubicación por WhatsApp. De noche, con poca luz y sin carteles a la vista, esa ubicación nos lleva directamente a su puerta.
La guardia cubre Altea la Vella las 24 horas, festivos incluidos. Al llegar, lo primero es que pueda entrar o dejar la casa cerrada; después, con calma, hablamos de si la cerradura necesita algo más. Si la casa se queda sola parte del año, le propondremos cómo dejarla bien protegida antes de irse.



